martes, 14 de junio de 2016

“Playground en vivo”

Que Disney esté detrás de una obra infantil asegura que, nos guste o no, todo tendrá un nivel superlativo en cuanto a calidad, producción y animación. Que aunque no coincidamos con lo que estamos viendo por una cuestión lógica de edad, será para aplaudir de pie al final de cada canción. Y eso es “Playground en vivo”. Un show teatral de excelencia, con dos protagonistas, Julieta Nair Calvo y Juan Macedonio, que parecen estar animando una fiesta infantil en el patio de su casa. El marco imponente del teatro El Nacional no los inhibe en nada, es más, pareciera aumentarles el virtuosismo.

Si Juanchi despliega su carisma y energía por todo el escenario, Juli se destaca por su calidad vocal y física. Impecable su afinación, lo perfecto de sus pasos y el manejo de los espacios sobre el escenario. Muestra de ello es el cuadro de “Move Your Body”, el cual parece extraído de Broadway. Sin duda, la performance más aplaudida, la cual posiciona a la misma Julieta como una de las artistas de musicales más destacadas de nuestro teatro. Luego, las conocidas “A rebotar” y “Congelados”, entre muchas más, para continuar con el clima festivo a tope. Aunque ellos dos ocupan el foco, dos amigos, Juana Cardozo y Leandro Bassano, completan todo.

“Playground en vivo” delata su estilo y nivel por la dirección de Ariel del Mastro, reconocido y prestigioso director de obras como “La Casa de Disney Junior con Topa y Muni” y “Despertar de primavera”. Lo vemos en sus coreografías, en el recorrido escénico, juego de luces y en las terminaciones con trucos incluidos made in “Bailando por un sueño”.

Para los chicos que ven el programa en Disney Junior, la salida ideal. Para los padres, un lindo momento para compartir con ellos y aprovechar de la hora que estarán inmóviles, viendo como Juanchi y Juli hacen de las suyas en vivo y en directo.

Por Mariano Casas Di Nardo
@MCasasDiNardo




 

domingo, 5 de junio de 2016

"Canciones de la Granja"

Muchas veces los directores o productores se encuentran con el desafío de cómo plasmar los éxitos televisivos y discográficos, sobre un escenario para darle vida a una obra de teatro, sin que su resultado sea un híbrido que decepcione a gran parte de la platea. Sin embargo, Ruben Roberts termina potenciando al DVD original, con una puesta en escena colorida, dinámica, entretenida y original. Claro, están las mismas canciones que los padres nos hemos cansado de escuchar en nuestras casas, pero con una estructura de show que mantiene la atención de principio a fin de todos los presentes. Y así, salimos todos felices.

La historia en sí, respeta al gaucho Zenón y a esa entrañable granja, que se completa sobre el escenario con una inmensa pantalla gigante. Así, aparecen los simpáticos animales esperados por todos: El gallo Bartolito, la Pata, el Pavo y la Pava, el Pingüino de frac, La Vaca Lechera, La Gallina Turuleca, el Lorito Pepe y el caballo Percherón. Cada uno con sus respectivas canciones, aunque un mínimo de correlato entre canción y canción, lleva un cuento por lo bajo.

Las canciones de la granja son las originales, haciendo que el público infantil reaccione ante el mínimo acorde. Así, el reconocimiento es inmediato y la atención es constante. Una obra que nunca decae y así la platea está contenida. Otro acierto, además de lo amigable de sus personajes y de la agilidad con la que se mueven, es la duración de menos de sesenta minutos.

“Canciones de la Granja” es la oportunidad de vivir en primera persona, la experiencia que nuestros niños se deben imaginar en cada una de las canciones. Un show que se disfruta en familia, sobre todo cuando vemos a los más pequeños aplaudir y moverse al compás de esos encantadores animalitos.

Por Mariano Casas Di Nardo

lunes, 8 de febrero de 2016

"Alicia"

El código de la compañía Rueda Mágica es simple y concreto, invitar a sus espectadores a un mundo intimista, de colores, canciones, interacciones y bailes. Todo configurado en el pequeño espacio que da el teatro Terraza del Paseo La Plaza, pero que a su vez potencia las percepciones. Y así, todo se magnifica. Tenerla a Alicia, al Sombrerero, a la Reina de Corazones y a todos los personajes de la historia de Lewis Carroll, a centímetros de distancia, debe ser para la platea infantil, como estar en la película misma. Y las sonrisas se multiplican y los chicos quedan atrapados durante una hora en esa atmósfera entre real y de ensueño, de diálogos divertidos, canciones pegadizas y pasos que invitar a bailar a todos.

Muchos son los puntos a favor de “Alicia”, desde su colorido y fidedigno vestuario (a cargo de Barbara Lloves Millán), su acertada y entretenida adaptación del clásico de Disney al escenario y la elección de los personajes para que tengan más protagonismo; aunque la clave es, y como viene siendo ya un sello distintivo del arte de su director Leandro Montgomery, la utilización del poco espacio para mostrarnos escenarios gigantes y a su vez, las coreografías milimétricas que hacen a ritmo y velocidad (crédito de Mauricio Vila). Y así, todo gana dimensión en la destreza, simpatía y sonrisa de Melisa Ezcurra quien como Alicia, se gana desde el primer diálogo, la confianza de sus aliados, los niños.

En las antípodas de Alicia, se encuentra el mundo paralelo, liderado por la Reina de Corazones, rol llevado adelante por la histriónica Camila Martin, que hace de sus gestos y movimientos, una antipática y querible villana. A ella, sumarle sus peones, correctas participaciones de Isaias Marco (Liebre), Santiago Garcia (Sombrerero), Federico Araujo (Conejo) y Damian Trotta (Carta). La música original es de Yair Hilal y sus letras, composiciones de la misma Bárbara Lloves Millán.

La estética Disney de Alicia, representada por uno de los grupos más destacados de teatro infantil de la Avenida Corrientes. Para pasar un lindo momento junto a los más chiquitos.

Por Mariano Casas Di Nardo






sábado, 9 de enero de 2016

"En el aire"

Pocas veces una obra de teatro deja conforme a todo el público. Y Facundo Arana con “En el aire” lo logra. Por un lado, confirma ese pacto de fidelidad con sus fans que poco tienen que ver con el teatro y lo siguen desde la televisión; y por el otro, convence a aquellos espectadores que suelen disfrutar del teatro raso, que se emocionan o angustian con un buen diálogo y que se acercan o distancian de los personajes en base a sus actuaciones. Un soberbio libro de Manuel González Gil, más la exquisita música de Martín Bianchedi, que parece manejar la intensidad de todo.

La obra cuenta una historia pequeña que toma amplitud por la pasión que le imprime ese locutor que acompaña a la gente en sus desveladas noches. Marcos, quien tiene su programa de radio de 12 a 4 de la mañana y que cuatro o cinco veces al año, con su amigo y operador Pulpo, toma su camioneta y se va a algún pueblito perdido del país a transmitir en directo. Esa noche, todo coincidió para que hagan su programa desde el teatro Ana Muller, desde la ciudad de Las Rocas en la provincia de Buenos Aires.

Si existe la cuarta pared de la que hablan los críticos teatrales e imponen los docentes a sus alumnos actores, Facundo Arana con su personaje la pone por detrás de la platea. Entonces con su histrionismo, seducción y empatía, involucra a todos en esa intimista noche radial. La primera vez en una obra que no sea de humor, que sentimos ese feedback entre la historia que se cuenta y nosotros, testigos privilegiados de una noche que quedará en el recuerdo. Habla con sus oyentes, le recita a una tal Milagros, toca el saxo y con flashbacks de intensa nostalgia, nos recuerda momentos que se vivieron en ese teatro casi abandonado. Una brillante performance de un actor que deja absolutamente todo en el escenario y que se debe volver a su casa, vacío; como quien está en blanco, porque todo su bagaje actoral y profesional lo perdió en esa hora y media de función.

Se nota que el libro de Manuel Gonzalez Gil con la colaboración de Sebastián Irigo fue escrito en base a la historia y personalidad de Facundo Arana. Como también queda evidenciado que la música de Martín Bianchedi, lo potencia en su sensibilidad. Y como quien cuenta con lo mejor, Arana sale a arrasar. La dirección del mencionado González Gil lo articula de manera brillante y cual mimo, cada dicho lo acompaña con un gesto preciso. Mucha dirección de actor encima, para coordinar palabra, movimiento y mirada. Y sobre todo, mucho trabajo y concentración para que su voz ronca no sufra en ningún momento.

“En el aire” cierra con un final extremadamente emotivo. Inesperado. Que sensibiliza incluso, al mismo protagonista, a tal punto que se retira en medio de los interminables aplausos como avergonzado por hacer llorar al público. Sin duda, Facundo Arana en su mejor y más pasional versión.

Por Mariano Casas Di Nardo

martes, 8 de diciembre de 2015

"Extinguidas"

José María Muscari es hoy, el mayor titiritero del espectáculo nacional. Y no le importa con quién esté interactuando. Él es fiel a sus convicciones y no hay ego, vanidad o prócer del teatro que interfiera entre su idea terminada y su génesis. Con “Extinguidas” cierra un ciclo que comenzó en el 2009 con “Escoria” y siguió con “Póstumos” en el 2011; una saga que habla sobre las personalidades del arte que vivieron la fama y el olvido con la misma intensidad. En este caso, con diez actrices y vedettes bombas, que en la década del 80, explotaban tanto en la televisión como en los escenarios porteños y en las portadas de revistas. No eran diosas de forma literal, pero los hombres las trataban como tal. Hoy, sentadas en el cordón de la vereda de la gloria, vuelven a brillar con toda la nostalgia de la purpurina que les quedó en la piel y que les es imposible de quitar.

Beatriz Salomón es la primera en aparecer en esta especie de Spa, que se parece más a un infierno o antesala del cielo, que a un lugar donde la gente va a relajarse y a encontrarse con su propio cuerpo. Y ahí confluyen todas. Una más importante y destacada que la otra y viceversa. Adriana Aguirre, Noemí Alan, Luisa Albinoni, Patricia Dal, Silvia Peyrou, Mimi Pons, Sandra Smith, Naanim Timoyko, Pata Villanueva y la mencionada Beatriz Salomón. Diez tanques de acero inoxidable que sobrevivieron a las guerras más arduas, mientras sus conductores están todos muertos. Ellas intactas, con su seducción inalterable aunque con menor efecto.

Las obras de Muscari se completan con el público. Desde siempre. Ya sea en la postal que conforman siempre un mismo perfil para cada obra, como en los gestos, los asombros y los codazos sutiles que evidencian una de sus transgresiones. Y en “Extinguidas”, no sabemos en cuáles de los polos están las protagonistas. Porque de un lado están las mujeres que sabemos lo que harán, y del otro, personas que van a buscar eso que dejaron de recibir desde fines de los 80. Entonces todo el desarrollo de la obra es una fiesta, simplemente porque se complementan las partes. “Extinguidas” es una locura perversa que hace de la nostalgia el motor, y de la gloria de ya no ser, el aplauso. Lo que se ve es para llorar, sin embargo la gente se alegra a rabiar con cada una de las diez sirenas que cuentan su vida entre confesiones de excesos, desdichas, orgullos y rencores.

Algo es indudable. No perdieron su esencia. Y uno no sabe a quién mirar. Atraen de por sí la mirada de cualquiera y eso en muchos momentos hay que multiplicarlo por diez. El típico monólogo deprimente de cada una se altera con un chiste o una salida elegante, como cuando de fondo vemos a la inalterable Adriana Aguirre tocándose el cuerpo desnudo, mientras adelante lo que se escucha es un dramón. Código Muscari a pleno.

Si Salomón es el desparpajo, Albinoni es la comedia, Alan el drama y Smith la vigencia. Patricia Dal la cuota mística, Villanueva el descontrol eterno, Timoyko la incertidumbre, Aguirre lo bizarro y Peyrou la duda de saber si el tiempo a ella le pasó o no. Cierra Mimí Pons con lo mítico, tanto por ella como por su hermana Norma.

La mejor parte de la obra no se describe para que cause en el lector la misma sorpresa y alegría que en quien escribe. Pero será inolvidable. Un vestuario potente y una iluminación que realza todo, terminan de darle la atmósfera ideal que Muscari busca para enaltecer las figuras de estas diez mujeres que ya son parte de la historia teatral y revisteril de Avenida Corrientes.

“Extinguidas” es el sello autenticado de su autor. Una obra que quedará en nuestra cabeza durante mucho tiempo. Por lo fuerte, audaz, angustiante, real y melancólico. Que no defrauda y que por demás, sorprende. Diez mujeres que vuelven al primer nivel de la mano del mejor director que les podía tocar. José María Muscari, el mejor ilusionista y mayor embustero. Resumiendo: el gran titiritero.

Por Mariano Casas Di Nardo






sábado, 14 de noviembre de 2015

"Un grito sobre una pieza menor"

Lo único que podía motivar a ver una obra que ya su nombre no es claro, era la presencia de Yoska Lázaro como autor y director. Como ese seguro de calidad al que uno se aferra cuando se lanza a la aventura de ver una obra de teatro. Porque piezas teatrales, uno a lo largo de su vida ve muchas, pero recordar con vehemencia alguna, pocas, por no decir ninguna. Y “Vago”, su creación anterior ya tiene un lugar en el Olimpo de las inolvidables. Entonces la lógica nos decía, que de una obra a la otra, no podía bajar su nivel, sino subirlo. Y tal cual, porque “Un grito sobre una pieza menor” es un acierto desde donde se la evalúe.

Los primeros tres segundos de obra, inquietan; pero no por lo atrevido, sino porque uno cree estar frente a lo básico del teatro independiente deprimente, que se nutre de una lamparita, una silla y textos inentendibles. La voz en off de Alejandro Apo despabila, pero lo visual empobrece. Claro, el “actor” (así de impersonales son los personajes), creación del exacto Marcelo Saltal comienza a hablar y nos sopapea sin previo aviso. Y de ahí, una catarata de indirectas y directas sobre el universo del intérprete, del crítico, de los teatros, del público y demás. Un texto alucinógeno que hace reír y lagrimear por igual, depende el vínculo que se tenga con lo que se está diciendo. Acompañan Federico Minervini como “otro actor” y Pablo Barletta, quien cierra el tridente.

La escenografía es minimalista. Un par de luces, tres tarimas con diferentes alturas y un banco detrás. La iluminación varía según la importancia del protagonista, aunque ninguno sale de escena cuando otro habla. Una relación centrífuga entre actores y personajes de obras, que se debaten entre el arte y la realidad. Para enmarcar en un cuadro dos momentos, el de la dicotomía de uno de los personajes que reflexiona entre su oficio y su pasión; y en el tácito mea culpa de quien lee una crítica donde no figura. Pinceladas que demuestran que todas las personas que figuran en los créditos del programa de mano, saben lo que están haciendo; liderados por el enorme Yoska Lázaro, que incluso siendo español, ya es un referente del teatro argentino. “No te vayas nunca” lo podríamos gritar; pero está bien, puede hacer lo que quiera, porque ya nos regaló “Vago” y “Un grito sobre una pieza menor”. No hay que ser egoísta.

“Un grito sobre una pieza menor” es tan triste como divertida y hace reír con la misma intensidad que puede hacer llorar. Porque es la verdad. Difícil para quien se reconoce, exagerada para quien no. Tres actores que procesan sus propios miedos, demuestran sus miserias y se psicoanalizan en vivo. Nunca terminarán la obra de la misma forma en que la comenzaron, como ninguno de los espectadores puede salir lúcido de semejante hervidero de pulsiones. Porque Yoska se encargó de repartir piñas y caricias durante los cincuenta y cinco minutos de duración. Algunos podrán irse deprimidos, otros, como quien escribe, con ganas de darle un gran abrazo por la maravillosa obra de teatro que acababa de brindar.

Por Mariano Casas Di Nardo 



lunes, 26 de octubre de 2015

“Si magia quiere usted”


“Si magia quiere usted” parecería ser la primera obra de teatro infantil que se realizó en la historia. La génesis de todo. La pieza de la cual se abrieron todos los caminos que llevaron a los artistas a divertir a los niños sobre un escenario a lo largo del tiempo. Porque su autora y directora Belén López Marco, presenta un salpicado de todo, en exclusivas y artesanales dosis. Un poco de baile, un poco de falsa interacción con el público, un poco de música en vivo, un poco de mimo y mucho de actuación. Arte puro a disposición de una pequeña historia para chicos.

Lola Madini (Belén López Marco) es una chica que quiere brindarles a sus vecinos una fiesta para celebrar la independencia de su barrio. El problema surge cuando la llama la que haría la música del show para cancelarle. Entonces ella recurre a un volante que tenía de “una música que hacía música para eventos". Al llegar, esta “música” llamada Clara Baguala (Bárbara Camacho) pierde su cancionero y todo comienza cuando lo intentan encontrar. Dos actrices en escena que a puro histrionismo achican aun más la sala del teatro La Pausa. Se agigantan, porque saben lo que hacen y lo hacen a la perfección, dando en cada gesto, una clase de actuación. Sus cuerpos en función de mostrar sensaciones. Es que todo en ellas es un gag, un chiste, una mueca. Una, Bárbara Camacho, siempre en un segundo plano –como tímida a la historia–; y otra, Belén López Marco, exponiéndolo todo. Con seguridad, estemos ante una de las actrices más expresivas del teatro independiente. Su sonrisa lo dice todo. Los chicos no lo ven directamente, pero lo perciben. Y los grandes nos dan cuenta. Detrás de esa historia que progresa sin cambios bruscos, hay muchos años de estudio, talento y esfuerzo. Una dirección acertada y un libro preciso, aunque difícil.

Las voces en off de Norma Aleandro y Mariela Passeri pasan desapercibidas, porque es tanto lo que ofrecen sus dos protagonistas, que hasta perdemos registro del pequeño escenario, aunque sí del estético vestuario.

“Si magia usted quiere” es una caricia teatral de apenas cuarenta y largos minutos. De aura infantil, pero para que los grandes también disfruten. Un regreso a esa niñez sana, que se nutría de canciones suaves, risas, sonrisas y gestos atolondrados pero inocentes. Un acierto absoluto de su creadora y protagonista Belén López Marco, que traza así un nuevo piso de nivel, del cual ya no podrá bajar. Recomendado para chicos con bagaje teatral y para padres apasionados de las tablas.

Por Mariano Casas Di Nardo