miércoles, 13 de septiembre de 2017

"Beatnik"

Si había que imaginar a este grupo de efervescentes escritores neoyorkinos de los años cincuenta, la puesta creada por Osvaldo Laport es la que siempre querríamos ver. Sofisticada, artística, bohemia y representativa de la época, con todos los recursos puestos para que su sello estético luzca de la mejor manera. Vestuario preciso, iluminación exacta y la textura de los objetos escenográficos y la gestualidad de sus integrantes, calcados. Todo nos lleva a la concentración, salvo un aspecto técnico que es el sonido, aún no resuelto, en la inmensidad del bello teatro Lude.

Sorprende Laport con este grupo que rápidamente nos lleva a los impresentables de “Trainspotting”. Sin embargo, estos seis exquisitos e intrépidos intelectuales, más allá de sus deformidades juveniles, respiran y viven arte. Tendrán sus miserias, pero sus aciertos son trascendentales. Todos ellos, en la vida real, conocidos actores, un mix entre los surgidos de la televisión y los propietarios del off. Así, sobresalen por igual los seis. Nahuel Mutti como Allen Ginsberg, Sebastián Franccini como Lucien Carr, Martín Urbaneja como David Kammerer, Rodrigo Esmella como William Burroughs, Alejo Ortiz como Jack Kerouac y la única dama, Florencia Prada como Joan Vollmer.

De los mencionados, aunque el nivel es homogéneo y contundente, sorprende la intensidad escénica de Alejo Ortiz, la fuerza de Sebastián Franccini y la sensualidad, baile y distinción de Florencia Prada. El toque musical se lo da Matías D´angelo con su saxo en vivo, como punto fuerte; mientras que los gestos inherentes de Nahuel Mutti en su aproximación a Fito Páez, confunden. En más de un momento, pareciera estar en escena el autor de “El amor después del amor”.

Presentado el marco temporal, la obra cuenta las desventuras de los fundadores de la Generación Beat. Una historia real sobre periodistas, escritores, músicos y poetas, que marcaron y pavimentaron el camino de apertura a toda una franja etaria de intelectuales, no sólo en Estados Unidos, sino también de otros países. Esas ansias de cambiar el mundo desde su papel y lápiz, contando en prosa lo mal que camina el mundo según sus pareceres. 

Diálogos que interpelan a la esclavitud, que muestran la opresión por las necesidades y que realzan el valor de la vida y el no miedo a la muerte. Pero por sobre todo, sus seis integrantes, resaltan la necesidad de la libertad. De la libertad sexual, del consumo de drogas y de la expresión. De darle vida a las ideas y propagarlas con sus escritos. Entre ellos, la energía se hace fuego, mientras creen que el mundo le es adverso con el imperialismo como principal enemigo.

“Beatnik” es una interesante propuesta artística, preocupada hasta en el más mínimo detalle, para que cada segundo sea un fotograma de esas películas de cine negro que representan al Hollywood más turbio y decadente. Seis actores bien orientados por el excelente y puntual trabajo de su director Osvaldo Laport, por sobre el refinado libro de Francisco Scarponi.

Por Mariano Casas Di Nardo






lunes, 24 de julio de 2017

“Cuanticuénticos”

Canticuénticos es magnético. Difícilmente haya alguno en la inmensidad del teatro Astral que no se imante a ellos al escuchar los primeros acordes de su show. Sin grandes vestuarios, ninguna escenografía más que sus instrumentos, ellos elevan varios niveles de algarabía con sus canciones. Todo dentro del registro litoraleño, con canciones regionales de nuestra cultural más federal.

Canticuenticos son Ruth Hillar (voz, flauta, acordeón), Daniela Ranallo (voz), Laura Ibáñez (voz); Daniel Bianchi (guitarras, voz); Gonzalo Carmelé (bajo, contrabajo, voz), Sebastián Cúneo (producción, fotos y videos) y Cintia Bertolino (voz). Nahuel Ramayo (batería, percusión, voz) por su parte, es quien impone los momentos más divertidos con sus intervenciones.

Éxitos en su Santa Fe natal, el grupo recorre todo el país con su magia sinfónica. Canciones como “Quiero para mí”, “El mamboretá”, “Noni noni”, “Bate con la cucharita”, “Nada en su lugar”, “Viene para acá” y “Cumbia del monstruo”, hacen que todos los chicos junto a sus padres hagan las coreografías y los sigan al pie de la letra, durante los más de sesenta minutos que dura el show.

Intimistas, simples, exquisitos y cargados de creatividad, Canticuénticos, declarados de interés cultural por el Senado de la Nación por su “trayectoria y valioso aporte al cancionero infantil nacional y latinoamericano”, logra un show contundente y armónico, de esos que dejan al espectador con ganas de más. En estos tiempos, donde todo se complementa con Internet, buscarlos en YouTube es una opción para continuar con esa magia teatral en la casa de cada uno.

Por Mariano Casas Di Nardo




El mundo de Stefy y vos: “El carrusel mágico”.

Muy diversas son las expectativas del público a la hora de encontrarse en la platea del Picadilly Teatro, segundos antes de que salga a escena Stefanía Xipolitakis. Los padres, tíos o abuelos por ver a esa intensa mujer que supo ser mediática junto a su hermana Vicky, los chicos por divertirse con una obra narrada desde los cuerpos en movimientos; y los que suelen ir al teatro y hacen de esa disciplina su trabajo o su cotidianidad y exigen además de espectacularidad, arte. Las dos primeras instancias se cumplen a la perfección, porque “El mundo de Stefy y vos” hace disfrutar a todos. Y la tercera sorprende. Porque esa protagonista que transitó los livings de todos los programas de chimentos a caballo de un escándalo por semana, hoy está bien orientada en el camino de los infantiles. Canta en vivo, cuestión que muchas de sus colegas no lo hacen; y tiene el carisma necesario para adueñarse de la atención de los presentes. Y sobre todo, la madurez para ceder el protagonismo en muchos cuadros, por momentos a manos de Jimena Piccolo que hace de la villana Aracna y de Ignacio Morales que interpreta al Caballo héroe.

“El carrusel mágico” cuenta la historia de una vieja calesita que corre peligro de destrucción para que la malvada Aracna construya en su espacio una fábrica de cosméticos. Para evitar ese final, Stefy, la nieta del propietario, recurre a los personajes del mismo carrusel que toman vida para ganar la batalla. Así, el Arlequín (protector de la felicidad y alegría, Caballo (protector de la valentía) y el Príncipe Azul (protector del amor), coreografías mediantes y disparatados chistes, se unen en la batalla.

Con un grupo de baile efectivo que hace lo impensado en el pequeño espacio del escenario del Picadilly, son Jimena Piccolo, Celeste Campos que hace de Hada bondadosa y Francisco Eizaguirre (el  Príncipe valiente), quienes más se destacan. Párrafo aparte para Stefy que se pone a la altura de la situación y hace que todo luzca mejor.

“El carrusel mágico” termina siendo una muy recomendable obra para todos los chicos, con mucho baile, color, diversión y con una historia que deja un mensaje positivo en estos momentos de tanta negatividad.

Por Mariano Casas Di Nardo




lunes, 3 de julio de 2017

Peter Pan y las aventuras de Nunca Jamás

Versión libre de Ariel Osiris y Alejandro Borgatello, sobre el clásico de James Matthew Barrie creado en 1904, que Walt Disney hizo famoso en el mundo entero en 1953. Pero es aquí El Capitán Garfio (Franco Dabove) con su cómplice Sakir (que hace de Smee), quienes se llevan la atención de todos los pequeños, por su impronta escénica. Enfrente, de la vereda del bien, Peter Pan (Matías Ghioni) en su versión más punk, con pelo largo y tatuajes, intentará que el villano no se consagre como el rey de Nunca Jamás. Para ello cuenta con la ayuda del Cacique Nube Roja (Marcos Gómez), Wendy (Anush Bustos) y Reina Titania (Nadia Ostratiki).

La obra cuenta la historia de Peter Pan y sus amigos, quienes ven interrumpida la paz en Nunca Jamás, cuando El Capitán Garfio, en su afán de adueñarse de la isla, le roba el polvo mágico a la reina de las hadas. Y ya con sus superpoderes, intenta hechizar al mismo Peter Pan para que se sume a sus secuaces. Una historia muy bien narrada y distribuida en los casi cincuenta minutos que dura el relato.

Con la atención de los chicos desde el minuto inicial, la obra consigue sus puntos más fuertes en las peleas de espadas entre los dos protagonistas, en el pequeño espacio que permite el escenario del
Terraza Teatro Bar. Las coreografías también son para destacar, además del vestuario, sobre todo en los personajes de El Capitán Garfio y Reina Titania.

Actuaciones correctas, un hilo conductor que no deja caer la atención, y canciones con diálogos desopilantes, que traccionan de inmediato las risas de los más pequeños. “Peter Pan y las aventuras de Nunca Jamás” es una linda opción para ver teatro en familia del universal repertorio infantil.

Por Mariano Casas Di Nardo




jueves, 1 de junio de 2017

"La vida es una milonga"

“La vida es una milonga” es una disparatada comedia que nos lleva de la mano por el pasado y el presente. Con chispazos de teatro costumbrista, con pinceladas de tango y algo de rock de los 90, la obra divierte por lo desopilante de sus personajes, sobre todo el de Flora (Elena Brozzo). Se suman, a ella, pieza fundamental de la historia, por su grandilocuencia y su afinidad con el público, la simpatía y belleza de Evelyn Alfonso como La Miriam, quien sin dudas, dará que hablar en el futuro por su carisma tanto para la comedia como para el baile; y Nicole de Paula como Rubí, la protagonista quien a fuerza vocal, se roba los corazones de toda la platea.

La obra cuenta la historia de una joven llamada Rubí quien sueña con convertirse en una estrella de rock, cuando sus trabajos de bailarina y la presión de su pareja Francisco para que cante tangos, son predominantes. Sin embargo, ella con su voz, hará todo lo posible para torcer el camino a su favor.

Escrita por el uruguayo Dino Armas y adaptada y dirigida Alicia Verón, “La vida es una milonga” se disfruta por su dinamismo, por el entusiasmo de su elenco y por una historia que nos lleva para la nostalgia como para la risa, según los remates de sus protagonistas. Recomendada. 

Por Mariano Casas Di Nardo
@MCasasDiNardo




 

lunes, 13 de marzo de 2017

“La herencia de Eszter”

El poder que da el amor del otro, tal vez sea la fuerza más ciega e incondicional que exista. La esperanza de volver a sentir eso que sucedió como una ráfaga, un hilo irrompible que no se vence con los años. Y esa nostalgia por lo que hubiese sucedido si…, la peor de las culpas. Y con ese coctel de sensaciones inconclusas y efervescentes, Sándor Marai escribió la vida de esta rendida mujer llamada Eszter en su libro “La herencia de Eszter”. Texto que María de las Mercedes Hernando adaptó a los escenarios, para que Oscar Barney Finn nos regale esta delicada pieza de un poco más de una hora del mejor teatro.

La herencia de Eszter (se pronuncia Éster) no son sus millones en el banco, tampoco inmuebles, rodados o joyas en una caja de seguridad. Su herencia es la más difícil de asumir y la más fácil de repartir: lo que no hizo en su momento. El tiempo que dejó pasar por no tomar decisiones a tiempo, imposibilitada por su personalidad débil e inmóvil. Una magistral actuación de Thelma Biral, quien le pone tristeza y vejez a todas sus reflexiones. Del otro lado, a veinte años de ausencia, Lajos, quien vuelve del pasado a recuperar lo suyo. Él es un vividor; un verborrágico, carismático y embustero Don Juan, que enmaraña a todos con sus razonamientos hipócritas e impunes. La mejor versión de Víctor Laplace, para con su maestría, hacer reír al público con sus incoherencias dramáticas. Y aunque su amor por ella parezca intacto, el tiempo y todo el resto le jugaron a su favor.

El elenco se completa con Susana Lanteri como la mucama de Eszter, Luis Campos (el Notario), María Viau (la hija de Lajos) y la luminosidad de Edgardo Moreira, quien en el papel de Laci, el hermano de Eszter y ex amigo de Lajos, brilla en todo momento. Todas sus participaciones son acertadas y cuando está en escena, la obra se completa en todos los aspectos. Sin embargo, el momento álgido, es el duelo de verdades y mentiras no piadosas entre Eszter y Lajos.

Ambientada en los años donde los discos de pasta musicalizaban el aire y los vestidos suntuosos eran cotidianos; la historia es un susurro de emociones constantes, con una suavidad narrativa admirable. Así, Oscar Barney Finn como director nos presenta la nostalgia y la desolación del paso del tiempo, de la forma más aceptable, sin que sea un dramón imposible de digerir. Su talento hace que aunque en el dolor, sonriamos.

Por Mariano Casas Di Nardo




lunes, 6 de marzo de 2017

"Nenina"

La idea de Luciana Morcillo, Olga Viglieca e Iván Moschner de escribir una obra de teatro, con la dirección de éste último, se convirtió en algo tan grande que pasó de ser un monólogo unipersonal sobre el tema de la violencia de género, a una performance multitudinaria de quince mujeres amplificando el valor de sus derechos. Derechos básicos, como los de cualquier ser humano, a no ser violentado, obligado, ultrajado y pisoteado. “Nenina” así se convierte en una bandera por la vida y por la libertad. Mismos ecos de diferentes clases de mujeres que se unen en una ideología, revalidadas por el público sobre el final de la obra, cuando con un aplauso cerrado y acelerado, se une en esa búsqueda y pedido.

Nenina es Romina Tejerina y Romina Tejerina es la personificación de todas aquellas mujeres que vieron modificadas sus existencias por ser víctimas de un acto delictivo y atroz, como en este caso una violación. Aquella muchacha jujeña que luego de quedar embarazada como producto de un abuso sexual, mató a su bebé recién nacido; es la figura sobre la cual se posa todo. El dolor de las mujeres presentes, la angustia del público y un drama que aunque en auge en la opinión pública, no merma en su realidad.

La obra es el tema. Un elenco de quince mujeres, algunas con más participación que otras, algunas actrices con más nombre que otras, unas pocas con mejor técnica que la mayoría, pero que se ven niveladas por un libro superador. “Nenina” hace que poco tenga que ver si una actriz está fuera de sintonía o si tal o cual vestido desentona. Se habla de muertes, de abusos, de vidas marchitadas, opacadas y hay que enfocarse en ello.  

Veinticinco minutos le lleva a Iván Moschner quedarse para siempre en nuestra cabeza con esa postal final de pedido de justicia. Una obra recomendable para mirar y actuar. Para concientizar y para ver en qué podemos ayudar a nuestra tan lastimada sociedad, para que de una vez por todas, no sufra ni genere más violencia.

Por Mariano Casas Di Nardo
@MCasasDiNardo




domingo, 5 de marzo de 2017

"Luz Cenicienta"

La obra de Ana Belén Beas es la combinación perfecta entre el teatro comercial, ese que vive de la televisión y de las caras famosas que traccionan al público, con ese teatro de culto y casi artesanal que promueven los talentosos Pablo Sultani, Diego Hodara, Julián Pucheta y Sabrina Artaza. Este último grupo de artistas, está en condiciones de llevar cualquier obra a la cima. Y "Luz Cenicienta" no es la excepción.

Versión moderna del clásico animado de Disney, “La Cenicienta”; la obra es un soberbio musical para toda la familia. Y aquí se vuelve a unir, el teatro infantil con algunas licencias adultas; con el teatro para grandes, ese que siempre se destaca por su grandilocuencia. En la platea, fácilmente puede divisarse chicos maravillados con lo visto y adultos disfrutando de eso que fueron a ver. La platea heterogena en edades y gustos, disfruta por igual.

Como no podía ser de otra manera, Moria Casán es la madrastra de Lucía, nuevo nombre de Cenicienta. Sus hijas son las corrosivas Gladys Florimonte y Divina Gloria (aunque en este caso, vimos la obra por su reemplazo natural Mariela Passeri). Del otro lado del mal, Maximiliano Guerra como el príncipe Manuel y en el medio, salpicada por el rencor, pero iluminada por su futuro auspicioso, Lucía, interpretada de manera correcta por Ana Belén Beas, actriz española que promueve este intercambio entre ambos países, ya que la obra es una coproducción entre España y Argentina.

Muchos son los factores a destacar, entre vestuario, escenografía e idea. Una Cenicienta moderna, sin los protocolos de los años en que se escribió, y mixturado con la parafernalia “Stravaganza” y “Show Match”. Cada cuadro de baile, es para enmarcar. Si Moria Casán cumple con las expectativas, Maximiliano Guerra queda en deuda, con menos dosis de su esperado clásico y un exigido flamenco que lo apaga. Toda la historia es hablada en ese español que resaltan las palabras “venga tío”, “niñato”, “cojones” y “la leche” (como algo positivo). Los momentos de peleas entre las hermanastras Olvido y Soledad, son pasajes divertidos que hacen explotar las risas de los más chicos. Gladys Florimonte hace de ella y cumple. Y Mariela Passeri hace de contrapeso ideal para sus chillonas andadas.

“Luz Cenicienta” es una obra ideal para introducir a los más pequeños en el teatro musical adulto. Una obra que toma del infantil, aspectos para cautivar a todos. Una superproducción que no hace más que embellecer y orgullecer a nuestra teatral Avenida Corrientes.

Por Mariano Casas Di Nardo
@MCasasDiNardo





miércoles, 15 de febrero de 2017

“Sirenita, una aventura bajo el mar”


Una vez más, el grupo Rueda Mágica vuelve a sorprender a grandes y chicos con sus adaptaciones del inmenso imperio Disney, al pequeño escenario del teatro Terrazas del Paseo la Plaza. Y cuando uno cree que los caminos se le cortan, su director Leandro Montgomery pasa otro desafío y nos trae la inmensidad del mar a la mismísima Avenida Corrientes. Su fiel ladera, la actriz Bárbara Lloves Millán, es el otro pilar de este grupo que alegra en cada versión teatral. Ella hace de Ariel, la inquieta sirenita y todos seguimos el surco que deja su andar, para disfrutar del mejor teatro infantil.

La obra cuenta dos historias conjuntas que se entrelazan por la curiosidad de nuestra heroína Ariel. La vida oceánica de Tritón y su reino; y la historia de nuestro príncipe Eric (Omar Morón) que con la ayuda de su amigo Sarte (Federico Araujo), se va a rumbear los siete mares. La cuestión toma fuerza, cuando la embarcación de nuestro protagonista se hunde por una fuerte tormenta y ella lo salva de morir ahogado. A pedido de los más chiquitos, le canta una canción y así, el príncipe revive, ya enamorado de su dulce voz.

Como en todas las películas de Disney, el drama es tripartito; y frente a los enamorados, emerge la figura del villano. En esta ocasión, una impecable actuación de Julieta Cardinali, quien en la maldad de Úrsula, una pulpo negra, grande y no muy simpática, genera el caos. Le quita la voz a Ariel luego de un pacto mágico, e intenta enamorar a Eric.

“Sirenita, una aventura bajo el mar” es otra gran realización de Leandro Montgomery, con una excelente banda de sonido de Yair Hilal, que siempre le pone intención y fuego a las letras de Bárbara Lloves Millán. La canción de Úrsula con la exacta actuación de su protagonista, es lo más hipnótico de la obra. Sus partenaires, las anguilas marinas Flotsam y Jetsam, creación de los titiriteros Facundo Zalazar y Emiliano Ramos, es otro gran logro de su director.

Una entretenida obra de teatro para los chicos que disfrutan de sentir la magia Disney en vivo. El impecable y colorido vestuario, las animadas coreografías (de Mauricio Vila) y la simpatía de sus protagonistas con los más pequeños, ya sea en la previa, durante la obra y en el cierre con foto incluida; son la clave para que los más pequeños disfruten a pleno del teatro de este artesanal grupo de artistas.

Por Mariano Casas Di Nardo
@MCasasDiNardo